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El Basquet de Keynes

Foto del escritor: Cronista de lo ObvioCronista de lo Obvio

Actualizado: 29 ene 2019






Cerveza, hot dogs, música, gorras, camisetas, merchandising, porristas, animadores, mascotas de peluche, pantallas gigantes... la NBA es el circo del circo deportivo. El deporte convertido en espectáculo en su expresión más imponente y universal.


Como todo el sistema deportivo profesional estadounidense, la liga yanqui de basquet (NBA) funciona como un reloj aceitado y perfecto, con príncipes que se convierten en mendigos en procesos ordenados y sincrónicos, transformando al torneo en una lenta vuelta al mundo, en la que todos están arriba y todos están abajo alguna vez en la vida, en una competencia perpetua que roza la perfección.


Y así, todos van a la cancha, más allá del momento de su equipo, a tomar cerveza y escabiarse con el show, que total tarde o temprano su team va a estar peleando en playoffs. Mientras en otras competencias hay equipos que nunca jamás van a estar en la vanguardia, ni cerca de ella, en la NBA en algún momento te toca y eso hace que la competencia sea atrapante, apasionante, pero sobre todo, justa.


Ahora, ¿cómo hace el circo del circo del corazón del espíritu estadouidense para ofrecer una competencia tan pareja, tan justa? CON SOCIALISMO... ¡jodeme! No, voz interior, no te jodo; es cierto. Bueno, tampoco socialiiiiismoooo así, tan puro, pero una socialdemocracia keynesiana, por lo menos.


Los últimos serán los primeros

La NBA está compuesta por 30 equipos de jugadores mayores. No hay inferiores, no hay captación de jóvenes promesas para formarlas y desarrollarlas. De eso se ocupan las instituciones educativas. La NBA los agarra formados.


De acuerdo al sistema de draft, al terminar la temporada los equipos se ordenan del peor al mejor, es decir, en sentido inverso al resultado de la competencia. Mediante un sorteo, los equipos que no clasificaron a las eliminatorias finales (playoffs o postemporada) se ordenan para elegir a los mejores jugadores universitarios y elegibles, que deben tener más de 19 años. Los peores equipos tienen más posibilidades de ser los primeros en elegir jugadores y el jugador debe aceptar la oferta si desea jugar en la liga.


Esto quiere decir que los más chotos se quedan con los mejores al año siguiente. Luego se ordena el resto. De este modo, aumentan las probabilidades de que un equipo que anda mal, pueda formar un buen plantel en los próximos años, apostando a un proceso de captación de los mejores jugadores.


Los chicos de la liga

En la NBA no hay pases como en el fútbol. No se “compra” a un jugador, puesto que no hay derechos sobre la posibilidad de hacer deporte. Sí hay contratos, que son más rígidos de la mesa sobre la que está apoyada mi computadora.


Si vos querés a X jugador, tenés que negociar con el otro equipo su contrato y tener espacio salarial para quedártelo (se explica más adelante). Si acordás con el otro equipo, listo, te quedás con el player.


Aunque es complejo de explicar, los jugadores no tienen muchos derechos individuales en la NBA. Sus pases pertenecerían a la liga, digamos, y por lo tanto, no importa en realidad en qué equipo estén, siempre y cuando ese equipo le pague el contrato que ha firmado. Salvo las grandes estrellas, que por ahí pueden pegar un par de gritos, los demás jugadores no tienen muchas posibilidades de elegir en dónde van a jugar. Cuando se terminan sus contratos, recién tienen más libertad para escoger su destino.


Guita para todos

El tema de la plata en la NBA es bastante curioso. Por un lado, la liga negocia el contrato de televisión, lo más jugoso, y lo reparte en partes iguales, garantizando así la guita para enfrentar una temporada. Y aunque cada franquicia puede hacer sus negocios, las hay más ricas y más pobres, lo cierto es que todas tienen cierta seguridad económica.


Sin embargo, ninguna puede dormirse en los laureles. La NBA establece muchísimas normas de orden económico (como garantías) y hasta deportivo (llevar una equis cantidad de gente a la cancha, por ejemplo), que obligan a los equipos a mover el culito para mantenerse en la liga.


El tope, el famoso tope

Junto con el Draft, esta es la medida más importante en relación a la perdurabilidad de la competencia. Como se dijo antes, los equipos no tienen pases de jugadores, sino contratos. Pero no pueden firmar todos los contratos que quieran, sin importar la plata que tengan (por más justo que sea el reparto, Los Ángeles Lakers tienen mucha más pasta que San Antonio Spurs, por ejemplo).


Si en el fútbol Barcelona o Real Madrid pueden sumar todos los jugadores que puedan pagar, en la NBA existe un mecanismo llamado tope salarial.


El monto anual de los contratos de los jugadores de una franquicia no puede pasar una suma determinada (un poco más de 100 millones de dólares, actualmente). Los equipos que pasan esa suma, tienen que poner un montón de plata, bajo un castigo llamado impuesto al lujo.


El tope salarial empuja a las franquicias a entrar en un juego de ajedrez para formar equipos sin pasarse, moviendo piezas aquí y allá, pero al mismo tiempo reduce las diferencias de riqueza entre los diferentes equipos, permitiendo que aquellos que trabajan bien puedan competir con los más ricos.


Volviendo a los casos citados entre paréntesis, San Antonio Spurs lleva 20 años jugando playoffs, con cinco títulos, siendo una franquicia chica. En estas dos décadas, los texanos son mucho más exitosos que Dallas o Houston, dos franquicias mucho más ricas.


La moraleja

Como si se tratase de una fábula de Esopo, la competencia de la NBA deja una moraleja interesante. Aunque el cierre puede parecer abrupto, como si uno fuera corriendo y tropezara y se cayera a un abismo de boca, no hay mucho por explicar. Tampoco hay que explayarse demasiado sobre hacia dónde va la analogía, porque la cosa es bastante evidente y bien puede entenderse como un llamado a la perpetuación del capitalismo (¡teléfono, paladines del libremercado!).

En fin, acá va la moraleja esopiana: no hay competencia sin regulación.

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